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CURIOSIDADES SOBRE CONSTRUCCIONES ANTIGUAS DE GRANADA Y LOS TERREMOTOS

El secreto ancestral que mantiene en pie los monumentos de Granada: el plomo

Ciudadanía - Gabriel Pozo Felguera - Jueves, 20 de Agosto de 2026
Un brillante reportaje de Gabriel Pozo Felguera que te sorprenderá sobre terremotos en Granada.
Unión de fustes y capiteles del Patio de los Leones, donde se aprecian perfectamente las tortas de plomo que hacen de almohadillas amortiguadoras.
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Unión de fustes y capiteles del Patio de los Leones, donde se aprecian perfectamente las tortas de plomo que hacen de almohadillas amortiguadoras.
  • La torre de la iglesia de San Miguel ya quedó recortada más de un metro por el temblor del año 1872

Me están preguntado amigos, familiares y conocidos desde media España cómo es posible que los edificios históricos se mantengan todavía en pie con tantos terremotos zarandeando Granada. Algunos de ellos, devastadores. Y especialmente la delicada y esbelta columnata del Patio de los Leones.

Ninguno de ellos se ha caído, a pesar de la repletísima lista de terremotos que viene soportado este cornero Sureste desde que los labraron. Algunos de esos movimientos con especial virulencia. ¿Por qué no se han caído esos edificios? ¿Por qué casi todos los daños de estos días afectan a construcciones del siglo XX?: el secreto está en el plomo

En la ciudad existen centenares de claustros y patios sostenidos por columnas. En buena parte blancas de mármol Macael. Y la mayoría de piedra gris de Sierra Elvira. Incluso el Palacio de Carlos V con la rara piedra pudinga de El Turro. Se trata en todos los casos de pilares de carga, es decir, no son ornamentales, sino puntales que sostienen hasta tres forjados encima. Muchas toneladas de piedra.

El más antiguo es el bosque de columnas de los Leones (construido entre 1362 y 1390); hay varios palacetes musulmanes del XV, con alguna columna. Y a partir del primer tercio del XVI empiezan a abundar los patios porticados en la arquitectura renacentista: Hospital Real, San Jerónimo… para convertirse casi en plaga en los siglos XVII y XVIII. Más de dos centenares están catalogados con cierto grado monumental.

Ninguno de ellos se ha caído, a pesar de la repletísima lista de terremotos que viene soportado este cornero Sureste desde que los labraron. Algunos de esos movimientos con especial virulencia. ¿Por qué no se han caído esos edificios? ¿Por qué casi todos los daños de estos días afectan a construcciones del siglo XX?: el secreto está en el plomo.

Se están desmoronando, principalmente, las construcciones baratas del franquismo y edificios construidos antes de que en la década de los ochenta apareciera la normativa sismorresistente para las obras. Y eso afecta mucho al Zaidín y la Chana.

Claustro de Santo domingo de Silos, sin galletas de plomo en sus fustes. Es un poco anterior a la Alhambra, pero en esa zona de la Rioja no era necesario añadirle plomo, no hay terremotos.

Es un elemento característico y definitorio iniciado en la arquitectura musulmana granadina. Incluso es posible que no la trajeran a estas tierras los musulmanes del siglo VIII, quizás ya fueron técnicas copiadas de los romanos.

La utilización de láminas de plomo es un elemento característico de las construcciones granadinas y geográficamente próxima. No se encuentran en la arquitectura medieval ni renacentista de otras zonas de España. Es muy raro ver del Guadalquivir hacia arriba edificios con columnas que tengan insertas en sus estructuras esas almohadillas, discos o tortas de plomo. Es un elemento característico y definitorio iniciado en la arquitectura musulmana granadina. Incluso es posible que no la trajeran a estas tierras los musulmanes del siglo VIII, quizás ya fueron técnicas copiadas de los romanos. Porque los romanos fueron los grandes explotadores de las minas del plomo de la zona Sureste: abrieron yacimientos de galena en la Sierra de Gádor, Sierra Almagrera, Contraviesa, Alpujarra, Sierra Nevada (la Estrella, la Virgen), Baza, El Marquesado, Cázulas, El Molinillo en la Sierra de Huétor, etc. Una de las últimas minas potentes de galena que obtuvo licencia fue la de Gualchos, en 1853. En Pulianas existió otra fábrica de plomo hasta los años ochenta del siglo pasado, aunque ya reconvertida para otros menesteres.

La industria del plomo fue muy potente en el Reino de Granada, especialmente en tierras almerienses, hasta los primeros años del siglo XX

La industria del plomo fue muy potente en el Reino de Granada, especialmente en tierras almerienses, hasta los primeros años del siglo XX. También tierras de la actual Granada; en un informe de la Sociedad Económica de Amigos del País de 1833 se dice que “hay abundancia de plomo en esta provincia. La baratura de este metal y la multitud de aplicaciones podría dedicarse a montar industrias artísticas”.

El oficio de plomero era una especialidad ya desde el periodo musulmán. ¿Quién sino hizo las cubiertas de plomo de la mezquita de Medina Elvira y los discos de plomo de sus columnas? Fueron fundidos en el incendio del año 1010 y aparecieron hechas tortas informes en las excavaciones de 1872. Aquella técnica ya presente en la Granada del siglo XI se la trajeron a los palacetes en la refundación Zirí (1013) y, sobre todo, a la Alhambra cuando empezaron a levantarla a finales del siglo XIII. Nuestros antepasados musulmanes bien sabían que las láminas de plomo eran un seguro de vida contra los terremotos.

El método era bien simple: se cortaban círculos a la medida del grosor de cada columna, aproximadamente de un centímetro de espesor; cada columna lleva dos almohadillas, una en la unión del fuste con la basa y otra del fuste con el capitel. Se aprecia perfectamente en todos los patios columnados de la ciudad.

Torta de un centímetro en el claustro superior de la Real Chancillería. Casi intacta, soporta poco peso.
Torta muy aplastada en el piso bajo de la Real Chancillería, fruto del soporte de mayor peso.
Un agente mira los trocitos de yeso y polvo que están cayendo estos días en la parte alta del segundo patio de la Real Chancillería. No se aprecian más aplastamientos del plomo de los discos. Al menos recientes.

Los cristianos conquistadores siguieron con esa técnica. Que ha estado presente hasta finales del siglo XIX, cuando las columnas todavía eran utilizadas para soportar cargas de forjados

Los cristianos conquistadores siguieron con esa técnica. Que ha estado presente hasta finales del siglo XIX, cuando las columnas todavía eran utilizadas para soportar cargas de forjados. La función de los discos de plomo era actuar de amortiguadores de cargas, contra el peso del propio edificio y en los terremotos; también servían para asentar y nivelar esos puntales (algunos tienen pequeñas cuñas de madera para enderezarlos). Con el tiempo, discos de un centímetro de grosor, aproximadamente, se han ido aplastando; el resultado es casi todos los casos son más estrechos, irregulares según la presión que ejerce el fuste en cada extremo. También se observa que el material dúctil que es el plomo se ha salido creando rebabas o cerquillos, como los bordes de las pizzas. Niños, y no tan niños, solían entretenerse recortando las “sobras” con navajas. De ahí que muchos edificios públicos se vean con esos cortes. Otros están intactos (caso de la Casa de los Pisa).

Discos de plomo en el claustro de la Casa de los Pisa, completamente aplastados y agrandados por la presión.
El peso de dos pisos superiores en la Casa de los Pisa ha desmoronado la parte superior del fuste y deja al descubierto la torta de plomo.

El oficio de plomero, dentro del gremio de herreros, estuvo perfectamente regulado en las ordenanzas de la ciudad

El oficio de plomero, dentro del gremio de herreros, estuvo perfectamente regulado en las ordenanzas de la ciudad. Aunque a veces aparece asociado a las especialidades de plateros, grabadores y alarifes (albañiles). A finales del siglo XVI era una actividad tan potente y lucrativa que había media docena de talleres en Granada. Algunos de los Libros Plúmbeos y Planchas martiriales del Sacromonte fueron tomados directamente de discos para columnas o recortes de las grandes tortas de fundición.

Era material indispensable para cañerías de casas pudientes y para correderas de tejados

El plomo relacionado con la construcción no sólo se utilizaba para este tipo de tortas. Por supuesto, era material indispensable para cañerías de casas pudientes y para correderas de tejados. Hay casos en que directamente utilizaron planchas de hasta 50 kilos de peso para proteger la viguería de madera de las cubiertas (Capilla Real). También utilizaron el plomo para unir sillares mediante hendiduras sobre las que se vertía plomo derretido.

La Torre de San José, descabezada en 1872

En Granada ha habido terremotos desde que el mundo es mundo. No sabemos si existieron algunos de tanta magnitud e intensidad como los devastadores de Suramérica. No nos ha dejado rastro la Historia, pero tampoco había grandes construcciones que pudieran caerse. Seguro que las más grandes de época romana se vieron afectadas.

También es seguro que las fuerzas del subsuelo han modificado el paisaje. Apostaría que Sierra Nevada ha crecido, o menguado, con tanto empuje de fallas

También es seguro que las fuerzas del subsuelo han modificado el paisaje. Apostaría que Sierra Nevada ha crecido, o menguado, con tanto empuje de fallas. Incluso hoy existe instrumental para ver su evolución reciente. (Sería conveniente que los geólogos hicieran esta medición, para ver si el Mulhacén sigue midiendo 3.479, según el IGN).

En el periodo de historia antigua no sabemos cuántos ni la intensidad de los terremotos que había. No fue hasta el periodo final de la era musulmana cuando tenemos las primeras referencias escritas de los movimientos que se daban por aquí.

El primer terremoto documentado data del 24 de abril de 1431

El primer terremoto documentado data del 24 de abril de 1431; el Reino estaba en guerra por las disputas de los sultanes Muhammad IX y Yusuf IV, y tuvo lugar la Batalla de la Higueruela en los llanos de Atarfe-Peligros; las crónicas hablan de un sismo grande y réplicas. Todavía no se había inventado el término “enjambre sísmico”, como el que nos asusta estos días.

El verano de 1526, el de la estancia de la Corte de Carlos V en la ciudad, también tuvo su enjambre de terremotos. A los continuos movimientos de la Alhambra ─donde tenía sus habitaciones la emperatriz de Portugal─ se achaca que cogiera miedo y se bajara al convento de San Jerónimo buscando hospedaje. Por lo descrito en las crónicas, la magnitud debió ser superior a 6 grados en la escala actual y la intensidad se fija en VII-VIII, aproximadamente.

Provocó infinidad de daños y cientos de muertos. La intensidad ha sido calculada entre IX-X. Las edificaciones eran muy pobres y por eso se registró tanta destrucción. Arenas del Rey hubo que reconstruirla en otro lugar

En Baza-Almería hubo uno fortísimo el 30 de septiembre de 1531. En Motril, el 13 de enero de 1804, otro que dicen levantó las aguas del mar. Pinos Puente fue sacudido por un temblor el 27 de octubre de 1806, de intensidad superior a VIII.

Pero el más devastador fue el del 24 de diciembre de 1884 en Arenas-Alhama. Provocó infinidad de daños y cientos de muertos. La intensidad ha sido calculada entre IX-X. Las edificaciones eran muy pobres y por eso se registró tanta destrucción. Arenas del Rey hubo que reconstruirla en otro lugar.

En el listado que conserva el Observatorio figuran como importantes los de 25 de mayo de 1901 en Santa Fe; 31 de mayo de 1911, también en Santa Fe; 11 de agosto de 1913 en Albuñol; 25 de noviembre de 1913 en Huéscar; 28 de abril de 1918 en Atarfe; 19 de abril de 1956 en Albolote (de magnitud 5 e intensidad VII, con 12 víctimas mortales); el 9 de junio de 1964 en Galera; el 9 de septiembre de 1964 en Otura. Todos los anteriores, de intensidad VII.

No hay que olvidar los enjambres que sufrió la provincia en los años 1979 y 1986. Ni el penúltimo, el de enero de 2021, que derribó los pináculos de la fachada de la Catedral y fue el origen de la grieta que obligó a acelerar la consolidación de la cornisa superior de la Torre catedralicia.

Rajó las paredes del Teatro Principal, en Granada hundió 29 edificios y varias cuevas del Sacromonte; cayeron 7 casas en Santa Fe, en Otura se hundió el palacio del Marqués de Corvera, en Motril se hundieron otras siete casas y hubo que apuntalar un centenar

He dejado para el final dos recordatorios importantes. El del terremoto de Lisboa (1755) que rajó la cara oeste de la Torre de la Catedral y abrió grietas en muros de la Alhambra.

Y el olvidado terremoto del 28 de enero de 1872. Su epicentro estuvo muy próximo a los actuales de Alhendín-Otura-Gojar. Rajó las paredes del Teatro Principal, en Granada hundió 29 edificios y varias cuevas del Sacromonte; cayeron 7 casas en Santa Fe, en Otura se hundió el palacio del Marqués de Corvera, en Motril se hundieron otras siete casas y hubo que apuntalar un centenar. Fue un movimiento que duró unos 6-7 segundos, ocurrido a las 15,15 horas. Se sintió con mucha fuerza en Málaga y Córdoba. Con lo cual su intensidad debió ser también de VII-VIII en Granada.

La parte desmoronada la semana pasada ha afectado precisamente a la reconstrucción de 1872

Pero lo más curioso es que se cebó con la torre de la iglesia de San Miguel Bajo. Como ocurrió el pasado día 15. Se desplomó medio campanario. La solución que dio el arzobispado fue no volver a reconstruirlo, sino rebajarlo casi dos metros. De ahí que la esbelta torre quedara desde entonces un pocho achaparrada. En los grabados y fotos del siglo XIX se aprecia perfectamente que antes era un poco más alta. La parte desmoronada la semana pasada ha afectado precisamente a la reconstrucción de 1872.

Dibujo de Alfred Guesdon (1853). Se aprecia la torre de San Miguel alto más esbelta.
Foto de la Alcazaba, hacia 1861-2, tomada por Robert P. Napper. Se ve la torre de San Miguel algo más alta.
En esta foto reciente ya la torre de San Miguel y Santa Isabel están casi a la par, cuando antes sobresalía la de la parroquia, además de ser más gruesa.
En esta comparación de 1861-2 y actualidad, con una línea prolongando la pendiente del tejado de la nave, se ve claramente la diferencia, superior a un metro.
San Miguel, con albañiles rematando el campanario, a finales del siglo XIX.
La torre, intacta hace unos meses.

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