'José Díaz Merino (Víznar) y su hijo Matías Díaz Liñán (cementerio). La muerte en vida de una familia de El Fargue'

La familia Díaz Liñán, formada por Asunción y José, sus hijas Lola y Mariana (Marina) y el hijo mayor, Matías, vivía y trabajaba en El Fargue.
José Díaz Merino, conocido como Joselito, era un hombre divertido, "gracioso". Cuenta su nieta que "era un malagueño muy simpático que tocaba las castañuelas", al que le gustaban el baile, la fiesta y la familia. Su padre era jefe de estación. Su hermana Dolores y un hermano de Asunción, Antonio Liñán Vico, eran también trabajadores de la fábrica. Los padres de Asunción vivían en el Barrio Alto del Fargue, 28. Todos tenían relación con la fábrica.
La familia vivía bien: José trabajaba como tornero y su hijo empezó como aprendiz. Contaba Marina que terminó ganando incluso más que su padre.
José Díaz Merino era una persona muy refinada, a la que le gustaban las cosas bonitas. Pero, curiosamente, era seguidor de Los Pastoreros, cuyo inspirador, José Castillo, allá por los años treinta, era contrario a la fiesta y al jolgorio.
Cuenta Francisco González Arroyo, en su libro sobre El Fargue, que Matías pertenecía a la Agrupación Cultural, creada al comienzo de la República, cuyos precursores fueron, entre otros, algunos de los trabajadores que terminarían en Víznar
Cuenta Francisco González Arroyo, en su libro sobre El Fargue, que Matías pertenecía a la Agrupación Cultural, creada al comienzo de la República, cuyos precursores fueron, entre otros, algunos de los trabajadores que terminarían en Víznar; José García Esteban, Pedro Márquez Ortiz o Natalio Fernández Ceballos. Los tres habían estudiado Magisterio. Esta agrupación realizaba obras de teatro, excursiones y clases de adultos. La vida en El Fargue era rica en actividades y aprendizajes.
Además, la familia mantenía un compromiso político con el socialismo, considerándose que Matías era “activo militante propagandista del partido socialista[1]” y había apoyado al Frente Popular, como otros muchos trabajadores de la fábrica.
Cuando triunfó el golpe, todo cambió.
Detención y muerte del joven Matías Díaz Liñán
Matías estaba sentado en una mecedora, en la puerta de su casa, cuando vinieron a buscarlo. Según cuenta Marina, su hermana, de allí lo llevaron a la Fábrica de Pólvoras y, después, a Granada, junto con un hombre y una mujer.
Ingresó en la cárcel el miércoles 23 de agosto. El sumario 191 de 1936[2] se inicia el día 26 de agosto. Lo acusaban de haberse presentado en el Cortijo de los Bernedos el día 21 de julio, a las siete de la tarde, junto a Rafael Fernández -el hijo de la Nevaica-, y de haber pedido a su dueño, José Ruiz Villacreces, de manera amenazante, armas "para defenderse de la fuerza del Ejército que se había sublevado".
Declaró que acompañó a Rafael y que lo que pidió fue un libro:
Papá: yo estoy conforme con las diligencias que has hecho, pero la declaración que he hecho ha sido esta: que, hallándome en el cortijo, llegó el de la Nevaica y me dijo que fuera con él al Cortijo del Grajico a ver si tenía una escopeta; yo le dije que subía a comer, otra vez me lo repitió y yo le dije que, recordando que al Manuel le había prestado el libro “Educación Sexual”, le acompañaría y recogería el libro; llegamos al cortijo y él preguntó si tenían una escopeta; le contestaron que no, y yo le pregunté a Manuel por el libro, y él ya te lo había dado a ti. Después vinimos los dos al barrio: yo me fui a mi casa y él se fue por su lado. Esta ha sido la declaración que he dado siempre.
Al tercer día de estar aquí me llamaron a declarar y di la misma declaración (..) y me nombraron un abogado defensor que es un alférez me parece (Juan Ruiz Horques), el cual parece que se toma interés por mí que dice que el cabo de la Guardia Civil del Fargue no ha mandado malos informes de mí, que lo único que ha dicho es que soy un poco izquierdista también dijo que mi juicio venía el sábado este pasado pero todavía no me han llamado, dice el defensor que él cree que con ayuda de Dios y la nuestra que sacaremos bien la cosa y que la vida por lo menos me la respetan.
Aquí estoy en el patio con Víctor el Aguilucho, Cuerva, el del Cagao y el Antonio de la Avispa, aquí estamos bien. Recibí las 10 pesetas y las 5 anteriores. Recuerdos a la abuela abrazo al abuelo, mamá mis hermanas, Casilda, Angustias y primos y amigos y tu recibe un fuerte abrazo de tu hijo.
(que me escribas con letra concisa y clara)
Matias
30 de agosto de 1936
Su "único delito" fue llevar pan a la gente sitiada en el Albaicín
Su propósito, en ningún momento, fue proveerse de armas. Aunque, según cuenta Marina, su "único delito" fue llevar pan a la gente sitiada en el Albaicín. Curiosamente, este hecho no queda recogido en el sumario: las autoridades no llegaron a saberlo.
El día 26 de agosto fue procesado por el delito de rebelión. Rafael Fernández, que había escapado, se encontraba en situación de rebeldía. Ese mismo día se nombró defensor de Matías a Juan Ruiz Horques[3].
Querido padre: me alegra que al recibo de esta te encuentres bien, lo mismo que mamá, mis hermanas y todos en general. Yo me encuentro bien aquí. Lo que deseo es que hagas lo que puedas para que resplandezca mi inocencia y me saquen de aquí; habla con el comandante Barrios para que informe de mi conducta y con quien tú creas conveniente. Recuerdos a mis amigos; un abrazo para mamá, otro para mis hermanas, otro para los abuelos, la Amparo y todos en general, y tú recibes el cariño de tu hijo.
Granada 29 de agosto de 1936
Su abogado renunció a solicitar informes al comandante Barrios. Posiblemente sabía que no habría informes favorables ni posibilidad de salvación.
"(…) me han nombrado un abogado defensor y me han dicho que diga alguna persona de derechas que dé informes míos y he nombrado a Joaquín el de la tienda y al señor Barrios (…)".
El consejo se celebró el día 2 de septiembre. El fiscal solicitó la pena de muerte para el acusado, admitiendo "que el procesado (...) no estuviese con los rebeldes desde el momento de autos hasta su detención, y que testificalmente está comprobado que ha cometido un delito de rebelión militar".
Juan Ruiz Horques sostuvo que el procesado "ni pidió armas ni iba en actitud amenazadora. Que con posterioridad a los hechos de autos el procesado ha permanecido en su casa sin realizar hecho alguno que demuestre su intencionalidad de alzarse en armas contra el Ejército". Solicitó su absolución.
Fue condenado a pena de muerte y ejecutado al día siguiente, 3 de septiembre, a las 5:30 horas de la mañana
Fue condenado a pena de muerte y ejecutado al día siguiente, 3 de septiembre, a las 5:30 horas de la mañana. Fue enterrado en la fosa corriente número 187 del patio de San José del Cementerio de Granada. Tenía 19 años.
Según Marina, un policía que le conocía permitió que José pudiera dar un último abrazo a su hijo.
El abogado de Matías les entregó sus pertenencias y dijo a la madre "que su hijo era un santo, pero que él no pudo hacer nada porque la acusación que tenía era malísima; le escribió una carta sin temblarle el pulso ni nada[4]".
La última carta de Matías
Queridísimo padre: estas son las últimas noticias mías que vas a tener de tu querido hijo, que muere en gracia de Dios. Tened paciencia y esperad el rudo golpe, pues Dios lo ha querido; de mi parte le das un fortísimo abrazo a mi querida madre y le dices que mi último pensamiento es para ella; otro para mis queridas hermanas Lola y Marina; otro para mi abuela, a la que tanto quiero; otro para tita Amparo, tita Dolores, Angustias y primos. Me despido de todos mis amigos, perdonando a todos, y también de ti, querido padre, con todo el grandísimo cariño que te tengo. No tengáis miedo ni pesar por esto, pues sabe Dios lo que me tendría el destino.
Se despide con el alma de todo tu querido hijo que os quiere más que nunca.
Matías Díaz Liñán
El asesinato de José Díaz Merino en Víznar
José Díaz había bajado a Granada a "comprar el luto" para su mujer y sus hijas, y había vuelto para reincorporarse al trabajo. En aquellos días, la fábrica no dejaba de producir. Cuando llegó la Guardia Civil para detenerlo, habían pasado dos días desde la ejecución de su hijo. Era el 5 de septiembre. Esta vez no hubo cárcel ni juicio.
Fueron subidos a un camión, uno a uno, hasta completar un grupo que Marina calculaba en unas veinte personas
Fueron subidos a un camión, uno a uno, hasta completar un grupo que Marina calculaba en unas veinte personas. Su testimonio ha sido, durante muchos años, nuestra principal fuente de información. Sabemos que, días después, fueron dadas de baja catorce personas entre los trabajadores de la Fábrica de Pólvoras.
Gracias a los expedientes judiciales fuera de plazo, que desde hace años han sido uno de nuestros principales soportes documentales, hemos podido reconstruir cómo ocurrieron los hechos, narrados por las viudas de varios de los trabajadores
Gracias a los expedientes judiciales fuera de plazo, que desde hace años han sido uno de nuestros principales soportes documentales, hemos podido reconstruir cómo ocurrieron los hechos, narrados por las viudas de varios de los trabajadores. Es interesante comprobar cómo estos testimonios coinciden en la forma en que fueron detenidos y en el lugar donde acabaron sus vidas. Tenemos algunos casos más de personas asesinadas ese mismo día. Lo desarrollaremos en un próximo artículo.
El Refino, un edificio situado en la calle Fuente Nueva, número siete, y parte de las propiedades de la fábrica, fue el centro de estas detenciones.
José Díaz Merino fue inscrito en el Registro Civil en 1941. En el documento original, que nos facilita la familia, consta que "fue visto su cadáver en la carretera de Víznar". Su detención, como hemos visto, se produjo en su propio domicilio, desde donde fue trasladado al Refino. Tenía 45 años.
Rosario Aguilera relata cómo su marido, el herrero Miguel Gómez Poyatos[5], padre de nueve hijos, fue detenido en la fábrica, "llevado a las oficinas del Refino" y, desde allí, a las inmediaciones de Víznar.
Manuel Martín Medina[6] fue detenido, según su esposa, Encarnación Muñoz Fernández, ese mismo día 5. Ella declaró que su marido "fue detenido en la Fábrica de Pólvoras del Fargue, donde prestaba sus servicios, siendo llevado a las oficinas del Refino, y de ellas salió acto seguido para Víznar, donde falleció a consecuencia de disparos de arma de fuego".
Claudio Torres Martín[7], lo mismo que Agustín Gómez Bonilla, ambos carpinteros, fueron detenidos directamente en el Refino. Encarnación López Serrano, la viuda de Claudio, coincide con testimonios anteriores: fue "detenido el 5 de septiembre de 1936 en el Refino de esta ciudad y acto seguido fue llevado a las inmediaciones del camino de Víznar".
Cuenta Marina que la mujer del coronel avisó de que faltaba un muchacho electricista cuando se iba el camión, y fueron por él y lo mataron también
Cuenta Marina que, a un muchacho electricista, la mujer del coronel "avisó de que faltaba cuando se iba el camión, y fueron por él y lo mataron también[8]". El muchacho era Juan de Dios Rodríguez Rodríguez[9].
Según el testimonio de la familia de Juan de Dios Milán Calvo, este fue detenido también en la Fábrica de Pólvoras junto a otros compañeros. En su expediente de responsabilidades políticas figura que había sido "fusilado por su actuación contraria al Glorioso Movimiento Nacional".
Pero hay un testimonio muy peculiar que no deja lugar a dudas sobre dónde se encontraban los cuerpos de este grupo de trabajadores y trabajadoras asesinados.
A José Portillo Muñoz[10] lo detuvieron en su propia casa, en la calle Fuente Nueva, n.º 11, ese mismo día 5. La familia presentó el testimonio de Francisco González Rosales, quien declaró que, encontrándose con una bandera de Falange en Víznar, "vio muerto por herida de arma de fuego a José Portillo, en el sitio denominado "los Pozos", comprobando, sin ningún género de dudas, que era su cadáver".
El día 8 de septiembre dieron de baja a un grupo de trece trabajadores y una trabajadora
El día 8 de septiembre dieron de baja a un grupo de trece trabajadores y una trabajadora. Es importante señalar que no siempre coinciden las bajas con las fechas de los asesinatos, y que no todos los dados de baja fueron asesinados. Pero, en este caso, sí fue así. El grupo lo componían:
Juan de Dios Milán Calvo, José Suárez Ontiveros, José Díaz Merino, Julián Molina Atienza, José Sánchez Ruiz, Claudio Torres Martín, Miguel Gómez Poyatos, Juan de Dios Rodríguez Rodríguez, Miguel Linares Sánchez, José Portillo Muñoz, Manuel Martín Medina, Francisca Gámez Sánchez, Miguel Ferrer Olmo y Agustín Gómez Bonilla.
Los asesinaron ese mismo día en el Barranco de Víznar.
"Si estarán ahí todos revueltos, hechos una bola todos[11]"
Como relatamos en el artículo publicado en El Independiente de Granada en 2023, Luto en el Barranco, los hijos de algunos de estos trabajadores del Fargue: Marina Díaz, Carmen Ocaña, Miguel de la Torre y Manuel Ruiz, fueron grabados por el programa Línea 900 en el año 2003, en una conmovedora escena, subiendo a recordar a sus padres al Barranco de Víznar. Reivindicaban la dignificación de esos parajes y la identificación de los cuerpos allí sepultados. Siempre supieron que estaban allí.
No hubo pésames. La muerte en vida
Asunción, Lola y Marina se quedaron solas. Las niñas tenían 16 y 13 años, respectivamente. Más tarde, Dolores Díaz Merino, la hermana de su padre, fue a vivir con ellas. Por alguna razón, no las echaron de su casa, pero su situación anímica y económica era extrema.
Asunción recogía la leche en un cortijo a varios kilómetros y caminaba sin parar de un sitio a otro para venderla[12]. Llegaba a casa cansada, llena de barro, angustiada. Pasaba todo el día trabajando y arrastrando su pena.
Falleció en 1943, aunque aún pudo conocer a varios de sus nietos
Exhausta, sin poder asumir lo que le estaba pasando, intentó quitarse la vida en tres ocasiones. Su cuerpo no resistió y la consumía la culpabilidad por no haber aprovechado lo suficiente el tiempo que había vivido con su marido. Murió "de sufrimiento, de tanto trabajar y pasar penalidades". Falleció en 1943, aunque aún pudo conocer a varios de sus nietos.
Lola se había casado con otro operario de la fábrica, con el hijo de Gabriel Martín Sánchez, uno de los encargados de la fábrica. Marina ocupó, después de esto, el puesto de su hermana en la Fábrica de Pólvoras. Como le contó a Victoria Fernández en Ideal el 23 de enero de 2004, huérfana de padre y madre, sintió el desprecio, "el pisoteo, el darme la espalda por ser hija de un rojo que había sido fusilado".
Marina Díaz Liñán, toda una vida luchando por la memoria de los suyos
"Teníamos que morirnos todos" (Lola Díaz Liñán)
Aunque todos la conocían como Marina, en realidad sus padres le pusieron Mariana, por Mariana Pineda. Le cambiaron el nombre cuando triunfó el golpe.
Vivió marcada por las muertes de su padre y de su hermano. Comenzó a trabajar muy joven, con 18 años, en la Fábrica de Pólvoras, sustituyendo a su hermana Lola, que ya había comenzado su vida de casada. Tenía un novio, Aureliano, que, tras la guerra, se exilió a Argentina, no se casó nunca. Vivió muy unida a su hermana y a sus seis sobrinos a quienes ayudó a cuidar.
Dice Josefa, su sobrina, que "estaba muy amargada, no soportaba lo que le había pasado ni lo que tenía". Tenía trabajo y un buen sueldo, pero no podía olvidar el pasado. "No ha tenido vida".
Cuando la visitaba, cuenta Josefa, se consolaban mutuamente y hablaban sobre el tema. Lola, quien repetía muy a menudo esa frase de "teníamos que morirnos todos", era una mujer muy capaz e inteligente, pero no pudo ayudar a su hermana a superar toda esta tragedia. Ambas arrastraron toda la vida el trauma de quedarse, en un intervalo de días, sin hermano y sin padre y, en pocos años, sin madre.
Marina se compró un piso en los Alminares, pero no pudo adaptarse y se volvió al Fargue, cerca del Padilla. Su piso se quedó cerrado.
Pasó con sus sobrinos unos años: "Estaba bien, estaba con las sobrinas, nosotras siempre nos hemos querido mucho"; pero luego surgió otra de sus obsesiones por el pasado: pidió entrar en la residencia de Los Pastoreros en Fuente Vaqueros, que asociaba a su padre. Allí terminó sus días.
Hace tres años, junto con Rosario Adarve, nieta de Juan de Dios Adarve, encontramos su tumba en el cementerio del Fargue.
Durante muchos años, los testimonios de Marina han formado parte de nuestro trabajo, pero también de nuestro empeño en reconstruir la historia de las víctimas del Fargue a las que ella nos acercó. Hemos recogido su testigo.
Esta historia es nuestro homenaje a esas hijas e hijos de los trabajadores del Fargue que tanto sufrieron.
Este trabajo habría sido imposible sin Josefa Martín Díaz, sin su generosidad y confianza. Gracias a toda la familia.
Emilio Gómez, luchador incansable por la memoria de las víctimas del Fargue. A él debemos, como a Marina, que nos indicara el camino.
Para que nunca se olvide. Para que nunca se repita.
[1] ARCHGR. Expediente de Responsabilidades Políticas de José Diaz Liñan 25911-018.
[2] Tribunal Militar Territorial Tercero (JUTOTER 23) Sumario 191 de 1936
[3] Abogado y, posteriormente juez, fue alumno del maestro Francisco Ruiz Guiraum, también fusilado en Víznar.
[4] Extracto de la entrevista a María Diaz Liñan que se encuentra en el CATÁLOGO DE ENTREVISTAS DEL BANCO AUDIOVISUAL DE LA MEMORIA HISTÓRICA Y SOCIAL DE ANDALUCÍA Fundación de Estudios Sindicales y Cooperación de Andalucía Archivo Histórico de CCOO de Andalucía Sevilla, julio de 2018.
[5] ARCHGR Expediente judicial fuera de plazo de Miguel Gómez Poyatos (1944) 34521/20
[6] ARCHGR Expediente judicial fuera de plazo de Manuel Martín Medina (1944) 35599/28
[7] ARCHGR Expediente judicial fuera de plazo de Claudio Torres Martín (1944) 34521/16
[8] Extracto de la entrevista a María Diaz Liñan que se encuentra en el CATÁLOGO DE ENTREVISTAS DEL BANCO AUDIOVISUAL DE LA MEMORIA HISTÓRICA Y SOCIAL DE ANDALUCÍA Fundación de Estudios Sindicales y Cooperación de Andalucía Archivo Histórico de CCOO de Andalucía Sevilla, julio de 2018.
[9] ARCHGR Expediente de Responsabilidades Políticas Juan de Dios Rodríguez Rodríguez
[10] ARCHGR Expediente judicial fuera de plazo de José Portillo Muñoz (1941) 34890/30
[11] Declaraciones de Marina Díaz Liñan en el Programa de Televisión Línea 900. Año 2003
[12] Ideal Granada, 23 de enero del 2004.












































