Ian Gibson: "Los desaparecidos del régimen genocida de Franco, para vergüenza de España, suman unos 115.000. Es atroz"
Queridos amigos, queridas amigas:
Ha pasado otro año y volvemos a emprender esta marcha de Víznar a Alfacar con el pensamiento puesto no solo en nuestro gran y malhadado Federico sino en todos los desaparecidos del régimen genocida de Francisco Franco. Desaparecidos que, para vergüenza de España, suman unos 115.000. Es atroz. ¡Miserable hipocresía la de las derechas de este país, que dicen que son católicos, o sea cristianos, cuando no saben amar al prójimo, ni lo intentan, como es su obligación, sino que siembran el odio y el desprecio hacia los que no son como ellos.
He estado meditando sobre el reportaje publicado a finales de julio en El País sobre la detención del último prófugo por el asesinato de Víctor Jara. Resulta que el cadáver del cantautor tenía 56 fracturas óseas y 44 balazos. O sea que antes de acabar con él ya lo habían machacado sin piedad. ¿Cómo no recordar la vileza de Juan Luis Trescastro, el compinche de Ramón Ruiz Alonso, unas horas después del crimen de Alfacar? ¡Jactándose por las cafeterías y los bares de Granada de que acababan de matar a García Lorca y que él le había metido, personalmente, tres balas en el culo por maricón! Antes de expirar, por supuesto, y para que sufriera más.
¡Ay, Alfacar! ¡Ay, Aynadamar!, en árabe Fuente de las Lágrimas! Los verdugos no sabían que los poetas musulmanes de Granada habían elogiado tu belleza. “Sin duda alguna, Aynadamar encanta los ojos de quien lo contempla”, dice uno de ellos. Y otro: “Tal manantial es un vino madurado por el mismo Tiempo, así que no tengas miedo, al beber de él, que a ti te abrumen los vaivenes de nuestros días…” El destino quiso que los fascistas de Granada, su Granada, matasen a Lorca muy cerca, sin que pudiesen sospechar la significación histórica y poética del lugar elegido.
Aquí, donde estamos, corre todavía la acequia en su camino hacia Granada; aquí, en el molino construido encima, pasaron Federico y sus compañeros de infortunio sus últimas horas. Es estremecedor. El poeta menciona la acequia en su conferencia sobre Soto de Rojas. No dudo que sabía dónde estaba.
Más que nunca, me está conmoviendo estos días el “Romance del emplazado”, con la premonición de su propia muerte, quizás más alucinante que en ningún otro poema suyo. Y eso que hay tantas intuiciones de su trágico fin en muchos momentos de su obra (obra creada, milagrosamente, en sólo veinte años). Voces anónimas le dicen al protagonista, “El Amargo”, que ya puede ir cortando, si quiere, las adelfas de su patio, porque dentro de dos meses yacerá amortajado. Y así resulta:
El veinticinco de junio
Abrió sus ojos Amargo,
Y el veinticinco de agosto
Se tendió para cerrarlos.
El poema me recuerda, cómo no, la famosa entrevista de Federico, casi la última, con Luis Bagaría, y su devastadora referencia a la que llama “la peor burguesía de España”, la granadina. Se publicó en El Sol de Madrid, uno de los diarios más destacados del país, el 10 de junio de 1936, y el asesinato tuvo lugar aquel 18 de agosto, o sea casi los dos meses señalados por la anónima voz del poema. Me consta que se conoció la entrevista en Granada.
Y tampoco puedo olvidar que Miguel Rosales, el hermano de Luis, me aseguró que en el coche que compartió con Ramón Ruiz Alonso, cuando éste fue a detener al poeta, el exdiputado de Gil Robles declaró que Lorca “ha hecho más daño con la pluma que otros con la pistola”. Las derechas granadinas, sí, la tenían tomada con él por múltiples razones, pero sobre todo las políticas. Y no había escape posible.
Os mando a todos un fuerte abrazo fraternal, desde el asfixiante infierno madrileño. Supongo que allí también hace mucho calor. Tened cuidado.
Me encantaría estar sentado, en estos momentos, al lado de Aynadamar y observar, una vez más, la subida desde el fondo, desde las entrañas de la tierra, de las burbujas convertidas metafóricamente en lágrimas. Por desgracia no puede ser. Pero me queda el inmenso consuelo de la genial obra de Federico, hoy mundialmente admirada.



































