'Hoy la Atención Temprana ha perdido'

Hoy la Atención Temprana ha perdido. Y no solo la Atención Temprana: hemos perdido las familias, nuestros hijos y también nuestro sistema de salud.
Hoy grandes profesionales se han visto obligados, después de años de sacrificio y de apostar por un modelo de atención pública, a abandonar un sistema que debería garantizar que todas las familias, independientemente de sus recursos, puedan acceder a profesionales excelentes
Hoy grandes profesionales se han visto obligados, después de años de sacrificio y de apostar por un modelo de atención pública, a abandonar un sistema que debería garantizar que todas las familias, independientemente de sus recursos, puedan acceder a profesionales excelentes.
Profesionales sobradamente cualificados, con formación, experiencia y, sobre todo, con algo que no se aprende en ningún máster: mirada clínica, sensibilidad y capacidad para cuestionarse si realmente estamos haciendo las cosas bien.
Profesionales que entienden que la neurodivergencia no puede trabajarse intentando que todos los niños encajen en el mismo molde. Que hay que mirar al niño, entender el porqué de sus conductas, respetar su forma de ser y proporcionarle herramientas sin arrancarle aquello que le hace ser él mismo.
Y entonces aparecen personas brillantes. De esas que, con suerte, encuentras una vez en la vida.
Personas con las que sabes que tu hijo está exactamente donde tiene que estar. Donde no solo van a trabajar sus dificultades, sino donde van a proteger lo más valioso que tiene: su esencia. Esa es Aleida
Esa es Aleida.
Una profesional de los pies a la cabeza. Una mujer que ha luchado contra un sistema que constantemente cuestionaba su metodología, que ha defendido otra manera de entender la neurodivergencia y que ha luchado por los derechos de nuestros hijos.
Una profesional que no solo ha dado herramientas a nuestros niños. También nos ha enseñado a las familias a conocer nuestros derechos y a exigir aquello que legalmente nos corresponde.
Una profesional que no solo ha dado herramientas a nuestros niños. También nos ha enseñado a las familias a conocer nuestros derechos y a exigir aquello que legalmente nos corresponde
Vivimos en un sistema en el que demasiadas veces se premia al que no cuestiona y se incomoda al que pregunta, al que propone otra mirada, al que señala que quizá las cosas pueden hacerse mejor.
Porque las personas que cuestionan, que piensan y que intentan transformar aquello que no funciona… molestan.
Pero las familias tenemos claro qué profesionales queremos al lado de nuestros hijos.
Queremos profesionales capaces de detectar señales desde el principio. Que sepan mirar más allá de una etiqueta. Que se pregunten por qué. Que persigan las causas, que busquen estabilidad y que trabajen para que nuestros hijos puedan desarrollar herramientas que les acompañen durante toda su vida
Queremos profesionales capaces de detectar señales desde el principio. Que sepan mirar más allá de una etiqueta. Que se pregunten por qué. Que persigan las causas, que busquen estabilidad y que trabajen para que nuestros hijos puedan desarrollar herramientas que les acompañen durante toda su vida.
Porque la Atención Temprana es precisamente eso: detectar, intervenir y acompañar a tiempo.
Si debilitamos esa base, ¿qué nos queda? Un edificio sin cimientos.
Y eso es lo que estamos viendo ahora mismo: una Atención Temprana cada vez más debilitada por la fuga de profesionales brillantes.
Pero hay algo que como familias tampoco podemos normalizar: El maltrato hacia los profesionales que cuidan de nuestros hijos
Profesionales que han dedicado años a formarse, a trabajar, a construir vínculos terapéuticos y a sacar adelante a nuestros hijos, y que finalmente se ven obligados a abandonar el sistema.
Pero hay algo que como familias tampoco podemos normalizar:
El maltrato hacia los profesionales que cuidan de nuestros hijos.
Meses viendo el sufrimiento de personas que tienen una responsabilidad enorme sobre el desarrollo y el bienestar de nuestros niños.
Meses viendo cómo profesionales valiosos son llevados hasta el límite. Hasta que marcharse acaba pareciendo la única opción posible.
Y mientras tanto, ¿qué pasa con los niños?
Niños que llevan años con el mismo terapeuta. Niños que han construido un vínculo.
Niños que han conseguido avances.
Niños que están trabajando con terapias que funcionan.
¿De verdad tiene sentido romper todo eso?
Para muchas familias, la respuesta ha sido clara. Hemos decidido seguir a nuestros terapeutas. Hasta donde haga falta
Para muchas familias, la respuesta ha sido clara. Hemos decidido seguir a nuestros terapeutas.
Hasta donde haga falta.
Porque cuando encuentras a alguien que comprende a tu hijo, que sabe llegar hasta él, que respeta quién es y que consigue avances reales, no estás dispuesto a perderlo simplemente porque un sistema haya decidido que debe ser así.
La excelencia se cuida.
La excelencia se mantiene. La excelencia se alimenta.
No se somete. No se destruye. No se deja pudrir.
Pero nuestros hijos han ganado algo que ningún sistema puede quitarnos: una profesional que les ha enseñado a ser ellos mismos y a defender su derecho a recibir los apoyos que necesitan
Hoy la Atención Temprana pierde a una profesional extraordinaria.
Pero nuestros hijos han ganado algo que ningún sistema puede quitarnos: una profesional que les ha enseñado a ser ellos mismos y a defender su derecho a recibir los apoyos que necesitan.
Aleida, gracias.
Gracias por mirar a nuestros hijos como personas y no como expedientes. Gracias por cuestionar lo establecido cuando era necesario.
Gracias por luchar.
Y gracias por enseñarnos que otra manera de hacer Atención Temprana no solo es posible: es necesaria.
Te queremos, Aleida.
Y donde vayas, allí estaremos.
Porque algunos vínculos no terminan cuando cambia un centro. Algunos vínculos se quedan para toda la vida.
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