Foro de la Memoria

'Enriqueta García de la Plata: La vida de una luchadora, militante comunista, que terminó en Víznar'

Ciudadanía - Silvia González, José Peña y Agustín Linares - Sábado, 9 de Mayo de 2026
En otro extraordinario artículo, en el marco de sus investigaciones para dar visibilidad y recuperar la memoria de las mujeres asesinadas por los golpistas en Víznar, Silvia González, junto a José Peña y Agustín Linares, profundiza en la historia de Enriqueta García de la Plata, su ejecución y las penalidades que sufrió su familia. Para que nunca se olvide. Para que nunca se repita.
Enriqueta García de la Plata.
Enriqueta García de la Plata.
"Mi madre tenía puesto un vestido azul marino con unos lunares blancos, todos los hermanos nos echamos a llorar cuando vimos los fusiles de los guardias".

Enriqueta García de la Plata nació en la granadina calle Lucena, en casa de sus abuelos paternos, el 26 de septiembre de 1888. Era hija natural de Francisco García y María del Rosario de la Plata.

Vivía con su abuela Dolores, su madre Rosario y sus tíos Juan y José, ambos zapateros, en la calle Alhóndiga número uno, ya que, tras enviudar, trabajaba en la portería.

En 1906, Enriqueta García de la Plata se casó, a los 20 años, con el viudo Antonio Lozano Ordóñez, de oficio zapatero

En 1906, Enriqueta García de la Plata se casó, a los 20 años, con el viudo[1] Antonio Lozano Ordóñez, de oficio zapatero. Antonio tenía dos hijos: Concepción y José Lozano Maldonado. El censo del año 1935 solo recoge como convivientes con ella y Antonio Lozano a seis de sus hijos: Josefa, Bernardo, Carmen, Rosario, Trinidad y Concepción Lozano García. El resto se había independizado.

Marta Osorio contó parte de esta historia en un artículo en el que recoge una entrevista realizada por Fernando Berenguer a Rosario, una de las hijas de Enriqueta, publicada en el Diario de Las Palmas el 22 de octubre de 1984. Conocida artísticamente como “Charito de Granada”, Rosario pasó su vida sobre los escenarios.

Una de las hijas de Enriqueta, Rosario, conocida artísticamente como "Charito de Granada". 

Una entrevista posterior realizada por Marisol Ayala para La Provincia el 30 de mayo de 1989 -que no se cita en este artículo y a la que he podido acceder- concreta, con algunos detalles más, esta historia.

Su nieta Enriqueta, que nos ha aportado más detalles sobre su historia, nos cuenta que iba con un brazalete y una bandera a todas las manifestaciones y que su marido, que no compartía esta pasión política de su mujer, le decía: “Nos vas a buscar la ruina”

En ellas se describe que Enriqueta era una mujer militante del Partido Comunista y que participaba activamente en la vida política de la ciudad, asistiendo a mítines y reuniones. Su nieta Enriqueta, que nos ha aportado más detalles sobre su historia, nos cuenta que iba con un brazalete y una bandera a todas las manifestaciones y que su marido, que no compartía esta pasión política de su mujer, le decía: “Nos vas a buscar la ruina”.

Rosario la define como una mujer peleona y llena de generosidad que compartía todo lo que tenía con todos. Su hijo Miguel (Bernardo)[2] también la recordaba como una madre buenísima, muy trabajadora y luchadora. “Mi padre adoraba a su madre”, nos dice su nieta Enriqueta Lozano.

“A falta de pan, buenas son tortas”

Hay una anécdota que describe muy bien la valentía y la determinación de Enriqueta, narrada en tono jocoso en el Defensor de Granada[3]. Un mendigo se presentó en la calle Panaderos de San Lázaro y pidió en un horno que le socorrieran. Cuando la hermana del panadero le dio una saladilla, este la tiró, diciendo que estaba dura y profiriendo frases ofensivas contra ella. El panadero cogió un palo y se lio a golpes con mendigo.

Enriqueta, que estaba presenciando los hechos, intentó separarlos, consiguiéndolo, aunque resultando con erosiones en un brazo.

La detención de Enriqueta

A su nieta, Enriqueta García Vílchez, fue su padre, Miguel Lozano, quien le contó los detalles de la detención. Fueron a buscar a Enriqueta a su casa. Un albañil, vecino de San Lázaro, insistió ante quienes habían ido a detenerla en que la había visto entrar y en que se encontraba allí; pero cuando registraron la vivienda, no la encontraron.

Un albañil, vecino de San Lázaro, insistió ante quienes habían ido a detenerla en que la había visto entrar y en que se encontraba allí

Su marido, Antonio Lozano, tenía en su taller de zapatería un pozo seco; allí la escondió y puso encima unas tablas y unos zapatos que estaba reparando. Pero el vecino insistió ante los falangistas en que estaba allí y, en el segundo registro, hallaron su escondite.

Enriqueta García de la Plata y Antonio Lozano.

Rosario Lozano relata que fue un grupo de falangistas el que llevó a cabo la detención de Enriqueta. De hecho, en la segunda entrevista Rosario declara:

“La rabia y el dolor los llevo aquí dentro, en mi corazón porque esa noche, y por culpa de los falangistas, la miseria y el hambre entraron por la puerta de mi casa”.

Al ser detenida, les dijo: “No os preocupéis, mis hijos, que vuelvo”. Pero ella sabía que la iban a matar.

“Mi madre tenía puesto un vestido azul marino con unos lunares blancos, todos los hermanos nos echamos a llorar cuando vimos los fusiles de los guardias”.

Sus hijos, al enterarse de que estaba en el convento de San Gregorio, se acercaron a verla, pero no se permitían las visitas. “Una dama de Acción Católica nos dijo que, si no queríamos pasar un mal rato, lo mejor era que nos marcháramos”. La vieron a través del locutorio del convento; “iba en una fila con las otras presas que estaban en capilla”.

Además de haber sido rapada, tenía la cara hinchada porque había sido golpeada “y estaba como en otro mundo”. La llamaron a gritos, pero no las escuchó

En la segunda entrevista, Rosario añade que su madre, además de haber sido rapada, tenía la cara hinchada porque había sido golpeada “y estaba como en otro mundo”. La llamaron a gritos, pero no las escuchó.

Al parecer, primero fueron a por su hijo Antonio, que trabajaba en el Café Suizo, para que les diera la dirección de su madre. Al negarse, le golpearon y sufrió un derrame en los ojos que le provocaría posteriormente una ceguera.

Miguel Lozano, el otro hermano, padre de Enriqueta Lozano (nieta), se escondió en el cementerio de Granada, posiblemente en algún panteón, temiendo que fueran a por él. Desde allí bajaba por las noches para procurar comida a su familia.

Con 48 años, Enriqueta García de la Plata fue asesinada, junto con otras once mujeres, el 6 de octubre de 1936, en el Barranco de Víznar.

A partir de entonces, el terror se instaló en la vida familiar. Antonio Lozano, marido de Enriqueta, jamás quiso hablar de lo ocurrido aquellos días.

Durante la entrevista, Rosario Lozano cita a “Las tres rosas”, a quienes también se llevaron del convento de San Gregorio: la pescadera cenetista Trinidad Capeli y sus hijas Eloísa y Rosario, asesinadas el 3 de septiembre en el cementerio de Granada.

Hay una confusión con las fechas, ya que, según sus propios testimonios y otros de la familia, Enriqueta fue detenida uno o dos días antes de ser fusilada -el 4 o 5 de octubre-, pero es posible que, al ser aquellas mujeres muy conocidas por la familia, supieran cuál había sido su destino.

Cuenta Rosario que Trinidad Laraño, desde el puesto de pescadera del mercado que había regentado su madre y del que ella se hizo cargo, ayudaba a aquellos niños de Enriqueta que se habían quedado en la más absoluta miseria. La solidaridad entre las vencidas aún hoy conmueve y emociona

Cuenta Rosario que Trinidad Laraño, desde el puesto de pescadera del mercado que había regentado su madre y del que ella se hizo cargo[4], ayudaba a aquellos niños de Enriqueta que se habían quedado en la más absoluta miseria. La solidaridad entre las vencidas aún hoy conmueve y emociona.

Tras la guerra llegaron muchas dificultades a una casa repleta de niños y con un padre enfermo. Las dos entrevistas a Rosario constituyen un relato terrible de penalidades, trabajo y sufrimientos de los que esta mujer no se pudo librar ni siquiera en la vejez, sumida en la pobreza tras haber trabajado desde niña como artista. Este fue el destino de muchos vencidos, tras la destrucción de sus vidas.

Muchas gracias a Enriqueta Lozano, nieta, Sara Ruiz Lozano, bisnieta y Adamai Ruiz Lozano, tataranieto de Enriqueta García de la Plata, por ayudarnos a conocer, un poco más, a esta gran mujer.
Elaborado por ©Silvia González Alcalde, Pepe Peña Moreno y Agustín Linares con la colaboración de Clemente Talavera. 

[1] Viudo de Josefa Maldonado Maldonado

[2] Bernando era llamado Miguel sin que la familia sepa la razón.

[3] El Defensor de Granada, 21 julio de 1932

[4] Sabemos que es Trinidad porque cuando relatamos esta historia a la familia de Trinidad Capeli nos explicó que fue Trinidad Laraño Capeli quien se hizo cargo de ese puesto.

El Foro de la Memoria es un espacio de El Independiente de Granada, en colaboración con investigadores e investigadoras y asociaciones memorialistas, para el recuerdo y el homenaje a las víctimas del franquismo. Para que nunca se olvide. Para que nunca se repita.