¡Ave María Purísima: las hazañas Del Pulgar ocultadas bajo una alfombra!

-
La reciente instalación de la Adoración Perpetua ha disfrazado la Capilla de Hernán Pérez del Pulgar, “el de las Hazañas” que clavó un pergamino con el AVE MARÍA en la Mezquita mayor la madrugada del 18 de diciembre de 1490
Las raíces familiares de los Pérez del Pulgar se hunden en un pueblecito de la montaña asturiana, en el concejo de Llena, parroquia de Teyeo. Durante el reinado de Alfonso XI, hacia 1321, nació Pedro del Pulgar en la sierra astur, el antecesor más antiguo conocido de la familia. Sus sucesores acudían cada verano a las campañas “contra el moro” que organizaban los reyes de Castilla y León. Incluso su abuelo Pedro participó en la Batalla de la Higueruela (Atarfe) en 1431. Murió ese mismo año en la toma de Cambil.
Se convirtió en el mejor exponente del modelo caballeresco medieval: en ese mismo 1482 protagoniza una inteligente operación para eludir el cerco en torno a Alhama, llegar a Antequera y regresar disfrazado como un arriero con reata para avituallar a los cristianos aislados
Para mediado el siglo XV la familia Pérez del Pulgar se había establecido en Ciudad Real, donde nació nuestro protagonista Hernán Pérez del Pulgar y García de Osorio, el 27 de julio de 1451. Su casa solariega natal todavía se conserva en la ciudad manchega. Fue hijo de Rodrigo Pérez del Pulgar y de Constanza García Osorio y Cárdenas. Emparentados ambos con la añeja nobleza castellana. Como la mayoría de los jóvenes de familia poderosa, Hernán fue formado a la vieja usanza de los caballeros medievales: aprendió a dominar las letras y las armas. Más las segundas que las primeras. Ingresó como escudero al servicio del partido de Isabel la Católica, en su disputa del trono contra la Beltraneja.
Estaba muy cercano el envite más famoso que le hizo trascender los umbrales de la Historia: la “toma” de la Mezquita Mayor de Granada y la colocación del cartel “Ave María” una fría noche de diciembre de 1490
Además de luchar en Portugal, fueron la Guerra de Granada y su arrojo los que le permitieron ascender rápidamente en el escalafón militar. En 1481 ya ostentaba los títulos de gentilhombre y continuo de la Casa Real. Es decir, era uno de los cien hombres de confianza que formaban parte de la escolta de la reina Isabel I. Participó en la conquista de Alhama de 1482. Ahí empezó su leyenda como “el de las Hazañas” por las continuas y arriesgadas operaciones tácticas contra los musulmanes. Se convirtió en el mejor exponente del modelo caballeresco medieval: en ese mismo 1482 protagoniza una inteligente operación para eludir el cerco en torno a Alhama, llegar a Antequera y regresar disfrazado como un arriero con reata para avituallar a los cristianos aislados. En 1486 alcanzó el grado de capitán general de Alhama; extendió el perímetro de sus dominios con la conquista del Castillo de Salar, con sólo ochenta hombres; participó activamente en la toma de Málaga. Venció a once alcaides de otras tantas fortalezas, por lo cual recibió su escudo de once torres y una pica; en 1490, estando asediado en el castillo de Salobreña, sin víveres y agua, ideó la estratagema de descolgar dos cántaros con agua para sus sitiadores, eran los únicos que le quedaban, pero eso desmoralizó a las tropas de Boabdil que abandonaron el cerco, etc.
Estaba muy cercano el envite más famoso que le hizo trascender los umbrales de la Historia: la “toma” de la Mezquita Mayor de Granada y la colocación del cartel “Ave María” una fría noche de diciembre de 1490.
18 de diciembre de 1490: AVE MARÍA en la Mezquita
En la campaña de 1489 los Reyes Católicos conquistaron las comarcas de Baza, Guadix, Almería y la Costa granadina. Hernán Pérez del Pulgar quedó al cuidado del Castillo de Salobreña hasta el verano de 1490. Allí le sorprendió una revuelta mudéjar capitaneada por Boabdil, que pretendía recuperar la ciudad. Ocurrió la mencionada estratagema de los cántaros de agua para resistir hasta la llegada de refuerzos cristianos.
Las frías noches invernales les servían a los caballeros cristianos para rememorar batallas y refrescar las grandes hazañas vividas desde que comenzó el empuje final contra el reino musulmán de Granada
En diciembre de 1490 había regresado a su casa de Alhama. Invernaba con sus tropas al tiempo que se preparaba la campaña final con la entrada por el Norte del grueso de cristianos; tenían como objetivo levantar un campamento estable en El Gozco (futura Santa Fe). Las frías noches invernales les servían a los caballeros cristianos para rememorar batallas y refrescar las grandes hazañas vividas desde que comenzó el empuje final contra el reino musulmán de Granada, precisamente con la toma de Alhama en 1482. Recordaban la osadía de Juan Ortega cuando escaló los muros de la ciudad de Alhama; a Gonzalo Fernández de Córdoba, que se acercó hasta la Puerta de Elvira y clavó un puñal bajo una lluvia de flechas; a las cabalgadas cercanas a las murallas de Granada a quemar molinos y talar arbolado; al incendio de la torre de Bibataubín, etc. Epopeyas que quedarían grabadas en las crónicas futuras de las guerras de Granada.
En aquel ambiente junto a la lumbre de Alhama el capitán Hernán Pérez del Pulgar lanzó una porfía a su grupo de cercanos. Una especie de apuesta muy arriesgada; se acercaron a hacer el juramento frente a la puerta de la iglesia jameña
En aquel ambiente junto a la lumbre de Alhama el capitán Hernán Pérez del Pulgar lanzó una porfía a su grupo de cercanos. Una especie de apuesta muy arriesgada; se acercaron a hacer el juramento frente a la puerta de la iglesia jameña. Tomamos el relato romántico de Martínez de la Rosa (1834) de cómo debió desarrollarse la escena: “Hago voto solemne de entrar dentro de Granada, ponerla fuego a su Alcaicería, y tomar posesión de su Mezquita Mayor, para Iglesia Mayor, en que se celebre el nombre Santo de la siempre Inmaculada y Virgen María Nuestra Señora y Madre de Jesucristo Redentor nuestro”. Consistiría en adentrarse una noche por territorio musulmán, deslizarse secretamente en la ciudad de Granada, hacer una toma simbólica de su principal edificio (la Mezquita mayor), prender fuego a su centro comercial más valioso (la Alcaicería) y conseguir regresar lo más indemnes posible a su guarida de Alhama.
Partieron a caballo desde Alhama el día 17 de diciembre. Les servía de guía un escudero musulmán al que había salvado la vida y rebautizó como Pedro del Pulgar, buen conocedor del terreno
Pidió un pergamino en el que tituló, en latín, AVE MARÍA, escribió el Padrenuestro, el Credo y la Salve. Debajo, en castellano y letras góticas, un texto con la toma de posesión de la Mezquita.
Fueron muchos los caballeros y soldados que se ofrecieron a acompañarle. Pero escogió a un grupo de solo quince. Partieron a caballo desde Alhama el día 17 de diciembre. Les servía de guía un escudero musulmán al que había salvado la vida y rebautizó como Pedro del Pulgar, buen conocedor del terreno. A él le confió un hachón (cirio) de cera, una cuerda alquitranada y encendida y bastante alquitrán. Los demás caballeros también llevaron en sus grupas haces de atocha seca para utilizarlos como combustible en el incendio de la Alcaicería.
El guía los llevó por el laberinto de callejuelas hasta la puerta norte de la Mezquita, la que estaba al lado de la fuente de las Abluciones (actual placeta de los Oficios). Un recorrido de poco más de un tiro de flecha
Esperaron a la oscuridad de la madrugada a que todo quedara en silencio, apostados en las inmediaciones del río Genil. En torno a la una de la madrugada emprendieron marcha a pie subiendo por el cauce del río Darro. Procuraron que vigilantes y escuchas no los delataran a su paso por la puerta de Bibataubín; ascendieron por las huertas del Jaragüit (actual barrio de la Virgen); se escondieron en los barrancos de la Riberilla; pasaron bajo el Puente de los Curtidores (frente a la actual calle Salamanca). En ese punto estaba el Darro muy encajonado, convertido en un laberinto de tinajas de tintoreros. En la perpendicular de la antigua calle de los Tintes, más o menos frente al Puente del Carbón, se decidió que sólo seis ascendieran el malecón para dirigirse a la Mezquita; el resto quedarían cubriendo la retirada. Los elegidos para subir el muro fueron Jerónimo de Aguilera, Tristán de Montemayor, Diego de Baena, Francisco de Bédmar, Montesinos de Ávila y el escudero Pedro del Pulgar. El guía los llevó por el laberinto de callejuelas hasta la puerta norte de la Mezquita, la que estaba al lado de la fuente de las Abluciones (actual placeta de los Oficios). Un recorrido de poco más de un tiro de flecha.
Llegaron a la que debía ser la puerta principal de la Mezquita mayor. Eran las dos de la madrugada, aproximadamente, del día de Nuestra Señora de la O, 18 de diciembre. La fecha de la acción fue precisamente elegida por esa onomástica
Llegaron a la que debía ser la puerta principal de la Mezquita mayor. Eran las dos de la madrugada, aproximadamente, del día de Nuestra Señora de la O, 18 de diciembre. La fecha de la acción fue precisamente elegida por esa onomástica. Una vez frente a la puerta, procedieron a clavar el pergamino titulado AVE MARÍA, y con el siguiente texto no religioso: “Yo, Hernán Pérez del Pulgar, Alcaide de la fortaleza del Salar, por los Señores Reyes don Fernando y doña Isabel, en su nombre y para su real servicio, acompañado de quince escuderos con que les asisto a la conquista de este Reino. Tomo posesión de esta ciudad de Granada y de esta su Mezquita Mayor de Mahoma para que sea iglesia cristiana católica, en que se venere y celebre el nombre santo de nuestro verdadero Dios, y de Jesucristo su hijo, Señor y Redentor nuestro, verdadero Dios y hombre, y de su bendita Madre, siempre Inmaculada Virgen María, señora Nuestra a cuyo Santo Nombre y para su Templo Santo dedico esta fábrica. En 18 días del mes de diciembre de 1490”.
Los siete rezaron una plegaria en baja voz y dejaron el hachón pegado en el suelo. Regresaron por el mismo camino y colocaron los fajos de esparto seco junto a una de las puertas de la Alcaicería, ya cercana a su descenso al cauce del río. Pidió Pérez del Pulgar el fuego encendido que debía llevar Tristán de Montemayor. Pero éste lo había apagado tras prender el cirio dejado en la puerta de la mezquita. El jefe montó en cólera por aquel contratiempo e incluso se contaba tiempo después que lo hubiera matado allí mismo de no mediar otros. Diego de Baena regresó a tomar fuego al hachón de la mezquita que alumbraba el pergamino.
Baena fue sorprendido por la guardia de ronda en la ciudad y tuvo que enfrentarse a cuchillo. Se armó alboroto que despertó al vecindario. Empezaron a encenderse candiles y velas en las ventanas. Los cristianos habían sido sorprendidos
Cuando volvía con el fuego en nueva mecha, Baena fue sorprendido por la guardia de ronda en la ciudad y tuvo que enfrentarse a cuchillo. Se armó alboroto que despertó al vecindario. Empezaron a encenderse candiles y velas en las ventanas. Los cristianos habían sido sorprendidos. Ya, sin fuego y con el miedo en los talones, los quince cristianos capitaneados por el Pulgar aprovecharon la confusión para desandar el camino por el cauce del río Darro. La Alcaicería se salvó de la quema. Llegaron a donde habían dejado los caballos y emprendieron veloz huida hacia Alhendín, que ya era avanzadilla cristiana. Cuando amaneció estaban a salvo y contando la gran aventura vivida.
Para el capitán anunciaron asiento en el coro y sepultura en la futura catedral en que pensaban reconvertir la Mezquita mayor musulman
La noticia corrió por dominios cristianos y llegó pronto al campamento. La Reina Isabel se alegró enormemente y entendió que aquello era una premonición de la pronta toma de la ciudad de Granada. El 31 de diciembre de 1490 los Reyes prometieron recompensas para los quince caballeros que habían ayudado a la hazaña del Pulgar. Para el capitán anunciaron asiento en el coro y sepultura en la futura catedral en que pensaban reconvertir la Mezquita mayor musulmana. Y como nombre el templo metropolitano de la diócesis llevaría el título de AVE MARÍA.
Muy favorecido por los Reyes Católicos
A partir de la Toma de Granada en 1492, Hernán Pérez del Pulgar fue uno de los cercanos servidores de los Reyes Católicos que mayores prebendas recibieron. Buena parte de tierras y bienes del reparto en las comarcas de Alhama y Loja las obtuvo como premio. Fijó casa en Loja y señorío en el Salar. Aunque decidió vivir en Sevilla y dedicarse por unos años a gestionar su patrimonio y escribir sus historias. Casó con la que fue su primera mujer, Francisca Montes de Isla, en el año 1485, originaria de Alcalá la Real e hija de un jurado de Alhama. Con ella tuvo a su única descendiente femenina, María, que casó con Rodrigo de Bazán, caballero XXIV de Granada, en la que fue boda más sonada de la década por llevar ella una fabulosa dote de 600.000 maravedíes. En 1506 falleció Francisca Montes y el viudo sólo tardó dos años en contraer segundo matrimonio; esta vez fue en Sevilla con Elvira de Sandoval, a la sazón rica viuda del banquero genovés Marco Catanio. Con ella tuvo a su único descendiente varón, Fernando Pérez el Pulgar y Sandoval.
El final de la Toma de Granada no supuso un retiro completo de las armas y las letras por parte de nuestro protagonista. Ya anciano fue requerido por el emperador Carlos V para escribir una especie de recuerdo-homenaje al Gran Capitán, su amigo y compañero de batallas
Nuevamente quedó viudo (22 de septiembre de 1528). A los pocos meses y con 77 años cumplidos decidió contraer un tercer matrimonio en Loja con la joven Elvira Pérez del Arco. De ella no tuvo ya descendencia. Fundó entonces su mayorazgo a favor de su único hijo varón.
El final de la Toma de Granada no supuso un retiro completo de las armas y las letras por parte de nuestro protagonista. Ya anciano fue requerido por el emperador Carlos V para escribir una especie de recuerdo-homenaje al Gran Capitán, su amigo y compañero de batallas (titulado Breve parte de las hazañas del excelente nombrado Gran Capitán, relativas a las campañas de Gonzalo Fernández de Córdoba en Italia. Ambos, vecinos de Loja, habían compartido charlas tras el regreso de Nápoles). A partir de 1517, con la llegada de Carlos V a España, frecuentó mucho la Corte. Y en 1524, cuando Pérez del Pulgar contaba 73 años, fue llamado por el Emperador para asesorar en el cerco de Fuenterrabía.
1526, la tumba junto a los RR CC
Ya conocemos que los Reyes Católicos habían prometido a Hernando del Pulgar que tendría capilla mortuoria en la futura catedral que sería levantada en Granada cuando se conquistara. Sin concretar. Aquella promesa le fue hecha para premiar su gesta de diciembre de 1490.
Llegó el año 1526 y la promesa de los monarcas se había cumplido a medias. Con la gima musulmana, tras la conversión obligada de 1501, habían decidido reconvertirla en Catedral de Santa María de la O en tanto se iba definiendo el proyecto de magna catedral gótica a su lado
Llegó el año 1526 y la promesa de los monarcas se había cumplido a medias. Con la gima musulmana, tras la conversión obligada de 1501, habían decidido reconvertirla en Catedral de Santa María de la O en tanto se iba definiendo el proyecto de magna catedral gótica a su lado. Entre 1492 y 1495 había actuado como catedral provisional la mezquita de la Alhambra; y de 1496 a 1507 la iglesia del convento de San Francisco Casa Grande. A partir de esa fecha, la mezquita cristianizada empezó a acoger enterramientos de personalidades vencedoras que iban falleciendo: uno de los primeros en ser enterrados allí fue Fray Hernando de Talavera, primer obispo tras la Toma; continuó la saga de los Granada Venegas, musulmanes cristianizados; el tercer arzobispo Francisco de Herrera (en 1524); Fray Pedro Ramírez de Alba (1528), el iniciador de la Catedral renacentista; Pedro Mártir de Anglería; el racionero catedralicio Fernando de Viana; el canónigo Francisco de Utiel; el canónigo Rodrigo de Ovalle; la primera mujer de Siego de Siloé y el arquitecto Ambrosio de Vico; etc, etc. (Aquellos restos desaparecieron al abrir los cimientos del Sagrario a partir de 1705; sólo se conoce el paradero de Ramiro de Alba, que fue llevado a San Jerónimo, y Pedro Mártir de Anglería, reubicado en una capilla de la nueva Catedral: ver: Pedro Mártir de Anglería, yo sí te creo: “Cristóbal Colón era de Liguria”. Y punto).
Pero el enterramiento que más nos interesa en este caso es el recibido por Hernán Pérez del Pulgar para sepultar a su primera esposa; en 1506 falleció Francisca Montes de Isla y la enterró dentro de la iglesia provisional, en lugar no identificado por el plano que se conserva de 1705, de José Sánchez y Sebastián Díaz.
Quedaba un rinconcillo entre los cuatro edificios que parecía desaprovechado y descontextualizado
La Capilla Real, como panteón funerario de la dinastía de los Reyes Católicos, había sido levantada y acabada ya en 1522 justo por encima de la mezquita musulmana/catedral provisional. Sólo separaban los dos edificios el rectángulo de la Lonja y un estrecho pasillo, de unos cinco metros, que hacía de transición entre el complejo que se estaba formando allí, es decir, la vieja mezquita musulmana, en panteón real, la Lonja y los cimientos de la catedral gótica que ya había empezado a abrir Enrique Egas en 1523. Quedaba un rinconcillo entre los cuatro edificios que parecía desaprovechado y descontextualizado.
Dicha capilla sería la más próxima a la de los monarcas de todos los caballeros que le sirvieron en la Guerra de Granada; pero no estaría dentro del recinto de la Capilla Real, con los familiares de los monarcas, sino pegada a la puerta de los pies de la nave, entrando a la izquierda
Pues aquel rincón fue el que le solicitó Hernán Pérez del Pulgar al emperador Carlos V durante su estancia en la ciudad. El Rey le firmó una cédula fechada el 29 de septiembre de 1526 por la que autorizaba al cabildo de la Catedral, y al propio solicitante, levantar la capilla funeraria prometida por los Reyes Católicos treinta y seis años antes. Dicha capilla sería la más próxima a la de los monarcas de todos los caballeros que le sirvieron en la Guerra de Granada; pero no estaría dentro del recinto de la Capilla Real, con los familiares de los monarcas, sino pegada a la puerta de los pies de la nave, entrando a la izquierda. Aquella puerta fue la segunda en importancia, ya que la principal es la que está dentro de la Catedral actual (la tercera, que da a la calle Oficios, es un postizo posterior). El punto elegido fue un rincón muy simbólico porque allí mismo estuvo la puerta de la mezquita donde clavó el pergamino.
Panteón privativo de los Pérez del Pulgar
La capilla de Hernán Pérez del Pulgar fue construida y financiada por él mismo entre 1527-28, ya en estilo romano y quizás acabada por Diego de Siloé. Quedó emparedada entre los muros de la Capilla Real y de la Mezquita mayor… hasta que se decidió demoler ésta para continuar construyendo la Catedral. Ya a partir de comienzos del XVIII, cuando fue levantada la parroquia del Sagrario, su planta perfecta de cruz griega volvió a dejar fuera de su perímetro a la capilla de Hernando de Pulgar. De ahí que siempre se haya dicho en Granada que “estás como la capilla del Pulgar, ni dentro ni fuera”. De hecho, en las publicaciones que se han editado de la Capilla Real, de la Catedral o del Sagrario, esta capilla del Pulgar queda al margen. Un tanto olvidada. Está al lado del pasillo que une los tres edificios que la rodean, aunque teóricamente forma parte del Sagrario; de hecho, su acceso actual se hace a través de la parroquia.
En cuanto estuvo acabada la tumba de Pérez del Pulgar, lo primero que hizo fue mover la momia de su primera esposa desde su primera ubicación en la vieja mezquita y depositarla en el fondo. El segundo cadáver en ser depositado allí fue el de su segunda esposa
En cuanto estuvo acabada la tumba de Pérez del Pulgar, lo primero que hizo fue mover la momia de su primera esposa desde su primera ubicación en la vieja mezquita y depositarla en el fondo. El segundo cadáver en ser depositado allí fue el de su segunda esposa, fallecida muy poco antes de estar acabada la capilla, en 1528. El turno tercero fue para Hernán Pérez del Pulgar (fallecido el 12 de agosto de 1531). La capilla de Pulgar ─primero del Señorío de Salar y a partir de 1693 del Marquesado del mismo nombre─ fue siempre propiedad y responsabilidad de su cuidado de los sucesores de Hernán Pérez del Pulgar; de hecho, varios de ellos continuaron enterrándose en ella durante dos siglos y medio siguientes. El último enterramiento de un Pulgar en esa tumba fue el del III marqués del Salar, Fernando Pérez del Pulgar y Fernández de Córdoba (muerto en 1763 de manera trágica en la Casa de los Tiros).
Hoy sólo una lápida de mármol rememora que está enterrado allí, a los pies de la Capilla Real y prácticamente en el lugar que ocupaba la puerta principal de la mezquita musulmana donde clavó el puñal con el pergamino.
No se conoce con exactitud la disposición de la fosa ni el número de cuerpos que hay depositados en el suelo de esa capilla pertenecientes a la familia y descendientes de Hernán Pérez del Pulgar. Nunca se han hecho excavaciones arqueológicas. No hay tampoco referencias de si su tercera esposa fue también depositada allí. El héroe de la Guerra de Granada ordenó en su testamento que su sepultura fuese muy sencilla, que no se gastara en fastos. Sólo unas misas en su recuerdo. Hoy sólo una lápida de mármol rememora que está enterrado allí, a los pies de la Capilla Real y prácticamente en el lugar que ocupaba la puerta principal de la mezquita musulmana donde clavó el puñal con el pergamino.
Aquella puerta estuvo situada al lado del brocal del aljibe que hay bajo el atrio de la calle Oficios y, en parte, en el subsuelo de la Lonja. Justo frente a la puerta había una fuente para las abluciones cubierta con un templete de forma octogonal; cuando Antonio Malpica excavó la zona hace cuatro décadas apareció aquel empedrado de ocho lados en torno al agua. La mitad del octógono está marcada en el suelo de la Lonja con un pavimento distinto al resto, para señalar su primigenia ubicación.
“Aquí está sepultado el magnífico caballero Fernando del Pulgar Señor del Salar, el cual tomó posesión de esta Santa Iglesia, siendo esta ciudad de Moros; su Majestad le mandó dar este enterramiento, falleció a XII de Agosto de MCXXXI años”
La losa que tapa la tumba de los Pérez del Pulgar es hoy la única. Pero hasta finales del siglo XIX hubo otras dos más, éstas de alabastro en formato circular, que también indicaban allí el enterramiento de las dos primeras esposas que murieron antes. En el encabezamiento y la cenefa lateral de la única lápida que sobrevive (alargada) figura la siguiente inscripción: “Aquí está sepultado el magnífico caballero Fernando del Pulgar Señor del Salar, el cual tomó posesión de esta Santa Iglesia, siendo esta ciudad de Moros; su Majestad le mandó dar este enterramiento, falleció a XII de Agosto de MCXXXI años”.
No conocemos la fecha en que fue reformado el suelo de esta capilla y, por tanto, cuándo desaparecieron las inscripciones que se referían a sus dos primeras esposas
No conocemos la fecha en que fue reformado el suelo de esta capilla y, por tanto, cuándo desaparecieron las inscripciones que se referían a sus dos primeras esposas. Pero debió ser después de que Francisco Villa-Real Valdivia las describiera en su libro de 1890. Decían lo siguiente: “Aquí, en este polvo de tierra, están los cuerpos de las dos claras dueñas Dª Francisca Monte de Isla y Dª Elvira de Sandobal, mujeres que fueron de Fernando del Pulgar, Señor del Salar, a quien esta capilla con privilegio Real dio su Majestad con acuerdo de los Señores de esta Santa Iglesia, porque con los suyos entró en ella, cuando era Mezquita, y tomó de ella posesión estando en la ciudad de Muley Baudelli, Rey de ella y de su Reino”.
Hay también en el muro lateral un retrato del 'de las Hazañas'; este óleo lleva anexa una leyenda que describe las virtudes del personaje, es una copia de otro más antiguo que se conservaba en el palacio del Salar, regalado en 1861 a la capilla por Fernando Pérez del Pulgar y Blake, Conde de las Infantas
Los otros símbolos del apellido Pérez del Pulgar que apuntan su origen y pertenencia son tres escudos de armas: el que corona la verja que la aísla del pasillo y otro sobre el altar corresponden al primer blasón que tuvo, representando los once alcaides que venció en la campaña de 1489; el segundo está en el faldón del altar con el nuevo concedido por los Reyes Católicos (la mano sujetando el puñal en la puerta de la mezquita). Hay también en el muro lateral un retrato del de las Hazañas; este óleo lleva anexa una leyenda que describe las virtudes del personaje, es una copia de otro más antiguo que se conservaba en el palacio del Salar, regalado en 1861 a la capilla por Fernando Pérez del Pulgar y Blake, Conde de las Infantas.
La cabecera de la capilla, sobre el altar, lo ocupa un pequeño retablo pintado bajo un arco de medio punto. Está atribuido a Pedro de Machuca o su taller. El óleo mayor es una pintura de la Virgen, su Hijo, San José, San Joaquín y Santa Ana, los padres de María. Debajo hay un tríptico con pasajes de la vida de la Virgen y de Cristo.
Muy reconocido por la literatura histórica
La figura y hazañas de Hernán Pérez del Pulgar estuvieron muy presentes en la historia española, sobre todo en la época del romanticismo decimonónico. Fue uno de los héroes más aclamados por la historiografía, la tradición, la Maestranza de Caballería y la ciudad de Granada. Sus descendientes fueron legión en Granada, emparentados con la más rancia nobleza, aunque ahora es menos abundante el apellido en la ciudad. Los Pérez del Pulgar fueron de los mayores terratenientes y casatenientes en las comarcas de Loja y Alhama; suya fue la Torre y castillejo que la rodea en el Salar. En la capital tuvieron varias residencias, pero la principal fue la ubicada en la casa número 5 de la Carrera del Darro (actual casa de los perfumes). Desempeñaron cargos de importancia en las instituciones.
Ya Miguel de Cervantes aludía a Pérez del Pulgar como modelo caballeresco a imitar. Su contemporáneo Lope de Vega puso en verso sus hazañas:
"Aquel Hernán del Pulgar que, en Granada,
por las puertas de Elvira y de Vivarrambla,
puso el Ave María con su espada,
y el nombre de su Rey en la gran tabla..."
(La Jerusalén conquistada)
Pero sin duda que fue Francisco Martínez de la Rosa el que fijó su biografía y escribió la mejor obra en su libro publicado en 1834
Incluso Washington Irving recurrió a él cuando vino a Granada en pleno romanticismo (1829, Hazaña de Hernán Pérez del Pulgar y otros caballeros, dentro de Crónica de la Conquista de Granada). Pero sin duda que fue Francisco Martínez de la Rosa el que fijó su biografía y escribió la mejor obra en su libro publicado en 1834. Tuvo acceso al archivo del Marquesado del Salar, por entonces todavía centralizado en Granada.
A principios del siglo XX todavía las Hazañas eran motivo de enseñanza y estudio en colegios e institutos. También de concursos de poemas. Por Granada corría una cancioncilla de origen popular que narraba aquellas aventuras tardomedievales:
(…)
Amparados por la noche,
cinco cristianos cabalgan,
muy silenciosos los cinco,
en dirección a Granada,
y Hernán Pérez, uno de ellos,
es el que primero avanza.
Así llegan cabalgando
hasta las altas murallas,
y entonces, con gran arrojo,
los cinco a la vez las saltan;
sorprenden los centinelas,
traban lucha encarnizada
con ellos, y Hernando Pérez,
solo por toda Granada,
mientras que sus compañeros
con los árabes luchaban,
va a la Mezquita mayor,
y en su puerta, y con su daga,
clava una tabla que lleva
en su cinto preparada
y en la cual AVE MARÍA
está escrito en letras claras.
(…)
(Publicado en la revista Juventud Ilustrada, 1906)
Olvidado por Granada y alfombra que lo oculta
A pesar de la fama histórica del hecho y del personaje, en Granada jamás se ha tenido en cuenta a Hernán Pérez del Pulgar para erigirle una estatua o rotular una calle con su nombre. Ni siquiera se le ha organizado un homenaje o jornada de estudios. La placeta del Pulgar que hay en el barrio del Boquerón se refiere a Hernando del Pulgar, el secretario y cronista madrileño de los Reyes Católicos, fallecido nada más tomar Granada (1492). En Ciudad Real, su pueblo natal, se conserva la casa donde nació Pérez del Pulgar; en el año 2010 le erigieron un monumento. En Salobreña, sitio de otra de sus hazañas, sí tiene dedicada una calle.
El más importante de todos fue la colocación de su nombre, en lugar preferente, en el monumento dedicado a Isabel la Católica y Colón
Con motivo de la preparación del IV Centenario de la Toma de Granada (1892) se promovieron algunos actos y estudios en los que fue tomada en consideración la figura Del Pulgar. El más importante de todos fue la colocación de su nombre, en lugar preferente, en el monumento dedicado a Isabel la Católica y Colón (Ver: Monumento a Isabel la Católica (1892): un proyecto trasquilado por el Gobierno) Un segundo libro vino a profundizar en la biografía de Pérez del Pulgar. Fue el del catedrático de Historia Francisco de Paula Villa-Real y Valdivia (1890).
No conozco textos turísticos ni guías que lleven a sus grupos de visita o les den explicaciones
Aparte de eso, la capellanía que instituyó y dejó dotada Hernán a su muerte quedó olvidada con los años. Los descendientes del Marquesado del Salar hace mucho que se desligaron de ella. Sus hazañas y su historia apenas aparecen en las guías más allá de unas líneas. No conozco textos turísticos ni guías que lleven a sus grupos de visita o les den explicaciones. La capilla entre el Sagrario y el Panteón Real no tiene ni siquiera identificación que la asocie a quien allí está enterrado, ni explique lo ocurrido la madrugada del 18 de diciembre de 1490.
El último olvido, o quizás agravio para con su persona y su memoria, ocurrió hace ahora un lustro
El último olvido, o quizás agravio para con su persona y su memoria, ocurrió hace ahora un lustro. El 28 de noviembre de 2001, el anterior arzobispo de Granada reconvirtió la Capilla Pérez del Pulgar en Capilla de Adoración Perpetua. La Adoración Nocturna sí ha tenido una larga tradición en Granada desde que fue instituida por los benedictinos en el siglo XVII. La Adoración Perpetua la practican algunos conventos de clausura. Consiste en la presencia continuada de alguien ante el Santísimo. En España hay aproximadamente 70 grupos seglares que han institucionalizado más recientemente la Adoración Eucarística Perpetua en algún edificio religioso. A Granada llegaron promovidos por Javier Taberner; el grupo lo forman por lo menos quinientas personas, que se turnan ininterrumpidamente para cubrir las 168 horas de la semana. Siempre hay alguno de sus miembros postrado en la capilla.
Sobre el altar de la antigua capellanía de Pérez del Pulgar fue colocada una Custodia hace cinco años. La lápida sepulcral fue tapada con una alfombra. Encima de ella fueron colocados unos bancos
Sobre el altar de la antigua capellanía de Pérez del Pulgar fue colocada una Custodia hace cinco años. La lápida sepulcral fue tapada con una alfombra. Encima de ella fueron colocados unos bancos. Desde entonces, prácticamente sin interrupción las veinticuatro horas del día, hay fieles adorando al Santísimo Sacramento. No se les ocurrió habilitar alguna de las iglesias, conventos o edificios religiosos abandonados, cerrados o cedidos de la ciudad.
Granada ha dado un paso más para borrar de su Historia a Hernán Pérez del Pulgar. También desapareció otra inscripción alusiva que había sobre el altar. Ya solo faltan retirar el retrato y los escudetes del linajudo apellido del héroe para torcer del todo la voluntad de los Reyes Católicos y del Emperador Carlos V. Ya nadie volverá a acordarse del AVE MARÍA como deseó Pérez del Pulgar al fundar su panteón.































































