La actividad física como medicamento: construir puentes para una sociedad más sana y justa en un 'Habladurías' con Diego J. Villalvilla, coordinador de la Alianza por la Actividad Física y la Salud

De esto trata la conversación mantenida en Habladurías con Diego José Villalvilla Soria, enfermero, fisioterapeuta, investigador y uno de los principales impulsores de la integración del ejercicio físico en la atención sanitaria en España.
Diego J. Villalvilla no habla desde la teoría abstracta. Habla desde una trayectoria vital y profesional profundamente conectada con el territorio, la atención primaria y la salud comunitaria. Nacido en un entorno rural humilde de Cuenca, hijo de labradores, sitúa el origen de su compromiso con la actividad física no en el deporte reglado, sino en la cultura del esfuerzo, el trabajo físico cotidiano y el ejemplo silencioso de una generación que transmitía valores sin necesidad de discursos.
Hoy sabemos —explica— que las experiencias tempranas con la actividad física condicionan la salud futura
Hoy sabemos —explica— que las experiencias tempranas con la actividad física condicionan la salud futura. No es solo una cuestión de voluntad individual, sino de modelos familiares, de referentes y de entornos que faciliten o dificulten el movimiento. Por eso, buena parte de su trabajo investigador se centra en la infancia y la familia, como ocurre en el ensayo clínico Familias Más Activas, orientado a la prevención de la obesidad infantil desde atención primaria.
De la recomendación genérica a la prescripción con rigor
Uno de los ejes centrales de la conversación es una idea clave: no basta con decirle a la población que “haga ejercicio”. La actividad física, para ser efectiva y segura, debe prescribirse con el mismo rigor que un tratamiento farmacológico.
Diego J. Villalvilla lo explica con un ejemplo sencillo: todo el mundo sabe si es fumador o no, pero muy pocas personas saben si son físicamente inactivas o sedentarias
Diego J. Villalvilla lo explica con un ejemplo sencillo: todo el mundo sabe si es fumador o no, pero muy pocas personas saben si son físicamente inactivas o sedentarias. La Organización Mundial de la Salud establece criterios claros —al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica y dos sesiones de fuerza—, pero estos criterios siguen sin formar parte del lenguaje cotidiano de las consultas.
Para avanzar, es necesario evaluar la condición física, ajustar la dosis de ejercicio al contexto personal y trabajar desde equipos multidisciplinares. Enfermería, fisioterapia, medicina y profesionales de las ciencias del deporte deben colaborar, no competir. El objetivo no es dirimir quién prescribe, sino garantizar que la ciudadanía reciba una intervención basada en la mejor evidencia científica disponible.
Salud comunitaria y determinantes sociales
Otro mensaje fundamental es que la actividad física no puede abordarse solo desde el individuo. El sedentarismo y la obesidad —especialmente la infantil— son expresiones de desigualdad social. Peores condiciones de vivienda, falta de conciliación, entornos urbanos poco amables o ausencia de espacios seguros para moverse condicionan de forma decisiva los hábitos.
No basta con intervenir en la consulta si no se transforman los entornos. Aquí entran en juego las políticas públicas, la coordinación con el sistema deportivo y la llamada “prescripción social”: derivar a las personas a recursos comunitarios no sanitarios que faciliten la adherencia
Por eso, Diego J. Villalvilla insiste en que la promoción de la actividad física debe ir de la mano de la salud comunitaria y del enfoque de los determinantes sociales. No basta con intervenir en la consulta si no se transforman los entornos. Aquí entran en juego las políticas públicas, la coordinación con el sistema deportivo y la llamada “prescripción social”: derivar a las personas a recursos comunitarios no sanitarios que faciliten la adherencia.
Experiencias que funcionan… y no siempre perduran
La conversación repasa experiencias exitosas como Castilla-La Mancha Más Activa o Vallecas Activa, proyectos que lograron integrar sistema sanitario y sistema deportivo, con evaluaciones positivas y reconocimiento institucional. Sin embargo, muchas de estas iniciativas se han visto truncadas por la falta de continuidad política, la alternancia en los gobiernos o la ausencia de un marco institucional estable.
De ahí surge la necesidad de algo más ambicioso y duradero: la Alianza por la Actividad Física y la Salud, impulsada desde el Consejo Superior de Deportes tras la pandemia, en consonancia con las estrategias internacionales de la OMS
De ahí surge la necesidad de algo más ambicioso y duradero: la Alianza por la Actividad Física y la Salud, impulsada desde el Consejo Superior de Deportes tras la pandemia, en consonancia con las estrategias internacionales de la OMS. Una alianza que busca superar conflictos corporativistas, negacionismos científicos y visiones cortoplacistas, para situar la salud de la población como un verdadero asunto de Estado.
Negacionismo científico y costes en vidas
Diego J. Villalvilla es claro: el negacionismo científico cuesta vidas. No solo cuando se niegan las vacunas o el cambio climático, sino también cuando se ignora de forma sistemática la evidencia sobre los beneficios del ejercicio físico. La ausencia de presupuestos finalistas, de expertos en los organigramas o de recomendaciones claras en las guías clínicas es, en sí misma, una forma de negación.
El problema no es quién prescribe el ejercicio. El problema es que, sencillamente, no se prescribe
El problema no es quién prescribe el ejercicio. El problema es que, sencillamente, no se prescribe. Y eso, desde un punto de vista ético, es difícilmente justificable cuando sabemos que el ejercicio previene al menos 14 tipos de cáncer y más de 30 enfermedades crónicas.
Formación, emociones y cambio cultural
Las personas no se mueven porque sepan que el ejercicio es bueno, sino porque sienten que lo necesitan y porque lo incorporan a su idea de bienestar y felicidad. Lograr eso es uno de los grandes retos de los profesionales sanitarios del presente y del futuro
Otro de los déficits señalados es la formación. Los planes de estudio siguen siendo excesivamente biomédicos y poco orientados a la promoción de la salud. Pero incluso más allá del conocimiento técnico, Diego J. Villalvilla subraya la importancia de las llamadas “habilidades blandas”: comunicación, empatía, motivación y trabajo en equipo.
Porque el conocimiento no cambia el comportamiento. Las personas no se mueven porque sepan que el ejercicio es bueno, sino porque sienten que lo necesitan y porque lo incorporan a su idea de bienestar y felicidad. Lograr eso es uno de los grandes retos de los profesionales sanitarios del presente y del futuro.
Actividad física, sostenibilidad y valores
En un cierre cargado de simbolismo, Diego J. Villalvilla apela al espíritu olímpico como escuela de valores —igualdad, juego limpio, convivencia— y cuestiona la hipocresía de tolerar vulneraciones de derechos humanos mientras se habla de deporte y salud
La conversación concluye ampliando el foco: la actividad física no es solo una herramienta clínica, sino también una palanca de transformación social y ecológica. Modelos como Bicipaths integran salud, movilidad sostenible y transición ecológica, recordándonos que caminar o ir en bicicleta no solo mejora la salud individual, sino que reduce la huella de carbono y hace más habitables nuestras ciudades.
En un cierre cargado de simbolismo, Diego J. Villalvilla apela al espíritu olímpico como escuela de valores —igualdad, juego limpio, convivencia— y cuestiona la hipocresía de tolerar vulneraciones de derechos humanos mientras se habla de deporte y salud. Porque, al final, promover la actividad física es también promover una sociedad más justa, más solidaria y más humana.
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