El post-hyperpop pegadizo y bailable de underscores

Pocos géneros han tenido tanta influencia en un tiempo de vida tan corto como el hyperpop. Nacido del bubblegum bass desarrollado en torno al sello PC Music, el éxito viral de 100 gecs en 2019 y 2020 lo convirtió en “el sonido del futuro” para muchos críticos y fans; tantos, que esto acabó por destruir la comunidad virtual que había nacido en torno a la etiqueta. El papel disruptivo de Spotify en este proceso, a partir del lanzamiento de su playlist sobre el género, ha sido muy comentado, y de hecho es un caso de estudio en torno a la nefasta influencia de las prácticas comerciales y editoriales de la compañía de streaming. Hace ya cerca de cuatro años que comenté estos movimientos al hilo de una serie de discos lanzados por artistas españoles, y tres desde que el segundo disco de 100 gecs me confirmó que algo del impulso artístico inicial en torno al hyperpop había muerto. Y, sin embargo, el verano de 2024 nos trajo el éxito viral de BRAT, un disco que encaja claramente en ese linaje sonoro. Y es que Charli XCX y su productor, A.G. Cook, fueron dos de las voces esenciales en la consolidación de lo que llegaría a ser el hyperpop.
Es allí donde escuché por primera vez a April Harper Grey, alias underscores, la protagonista de la crítica de hoy. En “Copycats” y “Baby”, la de San Francisco aportaba frescura pop combinada con potencia electrónica, siendo quizás la artista más accesible del plantel de colaboradores que poblaba aquel tracklist
Pero, ¿qué había pasado con quienes formaban parte de esas comunidades online que acabaron por rechazar la etiqueta? En estos años, había sido vagamente consciente de que una nueva generación de artistas había tomado las lecciones aprendidas durante el apogeo del género para crear nuevos sonidos, manteniendo el ethos rompedor y caótico de los primeros tiempos, pero desprendiéndose de los clichés que habían acabado definiendo el “sonido hyperpop”. Esto incluye un rechazo a la tendencia a que las letras fueran meros memes, optando por planteamientos líricos más honestos emocionalmente. Sin embargo, no había llegado a conocer de cerca sus propuestas hasta que Danny Brown, rapero inquieto donde los haya, decidió colaborar con ellos en su último disco, el notable Stardust. Es allí donde escuché por primera vez a April Harper Grey, alias underscores, la protagonista de la crítica de hoy. En “Copycats” y “Baby”, la de San Francisco aportaba frescura pop combinada con potencia electrónica, siendo quizás la artista más accesible del plantel de colaboradores que poblaba aquel tracklist. Así pues, cuando hace unas semanas llegó su tercer álbum, U, estaba sobre aviso: aquí había una artista a seguir.
Así, el estribillo de “Music” resulta avasallador gracias a sus mareantes explosiones de sonido, mientras que “Do It” mezcla sonidos sintéticos saturados con una guitarra acústica frenética, todo ello hilado con un estribillo que es puro R&B de los 2000
Lo que no sabía es que este no era el sonido con el que había triunfado en su anterior disco, Wallsocket (2023). Aquel álbum era quizás un reflejo más fiel de la noción de “post-hyperpop”: una combinación de estilos diversos pasados por el caleidoscópico filtro sonoro que asociamos con el género en su versión de finales de los 2010. U, en cambio, es un disco de dance-pop corto (9 pistas y 34 minutos) y directo, que bebe de manera más clara del pop Y2K y el bubblegum bass de pioneras como SOPHIE. Hay canciones en las que esa herencia es más que evidente: la producción de las estrofas de “Innuendo (I Get U)” recuerda poderosamente a las de “Vroom Vroom”, el revolucionario single de Charli XCX producido por SOPHIE hace casi una década. No obstante, los singles del álbum despliegan un sonido hiperactivo y maximalista, que contrasta un tanto con el habitual minimalismo de la difunta productora británica. Así, el estribillo de “Music” resulta avasallador gracias a sus mareantes explosiones de sonido, mientras que “Do It” mezcla sonidos sintéticos saturados con una guitarra acústica frenética, todo ello hilado con un estribillo que es puro R&B de los 2000.
Sus canciones están compuestas con mucho cuidado, pero su forma de presentarlas, con sus fantásticos estribillos sucediéndose a una velocidad vertiginosa y la producción dando saltos constantes, provoca una sensación de caos que refleja la sensibilidad de una generación criada en TikTok
En síntesis, U nos muestra a underscores como el prototipo de estrella del pop electrónico de la generación Z. Sus canciones están compuestas con mucho cuidado, pero su forma de presentarlas, con sus fantásticos estribillos sucediéndose a una velocidad vertiginosa y la producción dando saltos constantes, provoca una sensación de caos que refleja la sensibilidad de una generación criada en TikTok. La capacidad de Grey para enlazar melodías y ganchos es admirable: ya desde la inicial “Tell Me (U Want It)”, cada transición de estrofa a pre-estribillo a estribillo y a puente funciona, en gran medida, porque te quedas prendado de su voz. Y por supuesto, como buen disco de pop, el tema que unifica el disco es el amor. Al menos a nivel superficial: lo cierto es que las letras sobre enamoramientos y desamores, sobre seducción y sexo casual, también tienen como subtexto la intensa y ambivalente relación de Grey con la fama y la música. De hecho, “Music” compara las sensaciones que le provoca la persona amada con las que le genera la música misma, mientras que la “U” del título del disco, homófona de “you” (tú), puede interpretarse como una referencia tanto a la propia underscores como a su público.
Incluso canciones que empiezan más calmadas, como la cálida y melancólica “Lovefield”, la antes mencionada “Innuendo (I Get U)” o “Hollywood Forever”, alcanzan intensos clímax que se asoman al tech-house o el electro
El otro elemento clave del álbum, junto al gancho pop, es la influencia de la música de baile. Incluso canciones que empiezan más calmadas, como la cálida y melancólica “Lovefield”, la antes mencionada “Innuendo (I Get U)” o “Hollywood Forever”, alcanzan intensos clímax que se asoman al tech-house o el electro. Precisamente esta última me parece la canción menos lograda del tracklist, con el peor estribillo y algunas texturas que resultan menos efectivas, siendo el momento de desenfreno bailable el más salvable. En contraste, hay dos canciones que destacan precisamente porque nunca llegan a estallar: la primera es “The Peace”, construida sobre lo que parecen samples vocales con efectos y completamente desprovista de percusión, que cuenta una historia extrañamente tierna en torno a tres viñetas en las que la narradora y otra persona comparten un cigarrillo. La segunda, “Bodyfeeling”, tras un inicio tranquilo, llega a un estribillo muy diferente al resto del álbum: más orgánico, sutilmente funky, tremendamente sexy, como algo que habría podido firmar Prince en los ochenta. Como remate, el puente de la canción introduce unas guitarras noventeras, a medio camino entre el pop punk y el shoegaze, que habrían encajado a la perfección en Wallsocket.
Por su parte, “Wish U Well” despide el álbum con un tramo final lleno de nostálgicas notas de guitarra acústica y piano, propio del bedroom pop. De este modo vemos que, aunque underscores presente en U una versión más pulida y radiable de su propuesta, en su tracklist aparecen también destellos de esas otras facetas de su música, porque su talento no admite restricciones o definiciones estrechas. Esa libertad es la que reivindican para sí todos los grandes artistas, y la que persigue la generación post-hyperpop al ir más allá de dicha etiqueta. En conclusión: no importa cómo lo categoricemos, U es un discazo.
-
Puntuación: 8.4/10
-
Pincha aquí para escuchar el disco

















































